JUVENTUDES SOCIALISTAS DE EUSKADI

Área de Vivienda y Medio Ambiente

VIVIENDA

Creemos firmemente en la necesidad de articular políticas públicas de vivienda destinadas a facilitar el acceso a la vivienda de toda la ciudadanía, y de manera especial a la juventud vasca. Apostamos por la construcción de vivienda protegida, ; por el fomento del alquiler, con el objetivo de que se convierta en una opción atractiva capaz de competir en igualdad de condiciones frente a la compra; y por el urbanismo sostenible.

MEDIO AMBIENTE

Entendemos el Medio Ambiente como un área transversal a todas las políticas, una política prioritaria y pilar básico de nuestras ideas como jóvenes socialistas. Por eso, apostamos por un futuro sostenible, por las energías limpias y un desarrollo sostenible, en Euskadi y España, y a nivel mundial.

Día Mundial del Agua

Establecer un día al año para reivindicar una mejor actitud global con respecto a focos de problemas es una buena idea. Dado que son muchos los asuntos que deben mejorarse, dedicar a cada uno de ellos un espacio concreto para fomentar la concienciación puede parecer insuficiente, pero resulta práctico a la hora de generar un orden que no conduzca al colapso de la agenda que concentra este tipo de requerimientos.

Hoy, celebramos ‘El Día del Agua’. El trabajo a realizar para mejorar el uso de este recurso aún es laborioso, pero, os proponemos llevar a cabo pequeñas iniciativas con un coste personal reducido que pueden ayudar a hacer práctico este día.

El agua embotellada es un abuso de la razón que lleva al gasto desmesurado en la producción de botellas de plástico y a la indignante contaminación de ecosistemas lejanos a su producción y consumo. No se trata de plantear un ecologismo radical desde el que se soliciten acciones desproporcionadas para la mejora medioambiental. En la cuestión del agua queda mucho camino por recorrer, pero la toma de conciencia en lo que respecta al uso del agua embotellada es un paso que puede llevarse a cabo sin grandes renuncias. Y es que no se plantea la eliminación inmediata de este negocio, ya que no se han recorrido las fases necesarias para ello, pero sí se puede pensar en un consumo más racional de este producto a corto plazo.

Los avances que se han producido en materia ecológica han llevado a los gobiernos a diseñar políticas más respetuosas con el entorno. El agua se ha visto beneficiada, y, con ello, la hipótesis de que su calidad es perjudicial para los ciudadanos-consumidores resulta ofensiva. Las redes de abastecimiento de aguas gozan de mejor salud, y llegan depuradas a los grifos de los domicilios. Recurrir al agua embotellada en este contexto, supone un gasto superfluo, la generación de residuos contaminantes -se ha demostrado que sólo una parte del plástico de los envases se recicla- y la renuncia a una mejora social, que, en caso de ser aprovechada, puede contribuir a la concienciación sobre la relevancia de este tipo de medidas.

Hay quienes argumentan que existen empresas que explotan el agua de manantiales. Esta afirmación es tan cierta como que algunas compañías han reconocido que obtienen su agua en la red general. En este caso, acudir a su producto carece de fundamento. Mientras que en el primer ejemplo, hay que reconocer a los responsables del producto la venta de un agua de obtención más difícil y de etiqueta más sofisticada. Ante la legalidad de su planteamiento empresarial, la alternativa es invitar a los consumidores de este tipo de agua a la reflexión sobre el peso de su decisión de consumir un producto de una presunta categoría superior, puesto que un cambio de costumbre supondría un aporte a la sociedad, superior a la ligera pérdida que sufrirían sus paladares al cambiar el origen de una bebida de naturaleza casi insípida. A ello pueden ayudar las instituciones recordando el trabajo realizado para el saneamiento del agua; argumento que competiría de manera solvente con la publicidad de las empresas privadas, ya que, mientras éstas apelan en su estrategia comercial a motivos emocionales; las instituciones pueden recurrir a razonamientos sólidos y coherentes. Y no hay batalla destinada al éxito cuando se rivaliza con el sentido común.

Las líneas redactadas con anterioridad hacen referencia a la parte desarrollada del planeta. En cuanto al Tercer Mundo, el desafío está en asegurar el acceso al agua para todas las personas. Porque el agua es un derecho, no un producto. Tal vez, sea necesario un sacrificio, y haya que renunciar al gasto en envases contaminantes con tal de facilitar la subsistencia de millones de personas.

En lugar de enviarles montañas de botellas vacías enviar montañas de solidaridad

"ANTES DE FUKUSHIMA" Aitor Casado, Secretario General JSE-Egaz y Parlamentario Vasco

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Garoña se cerrará en julio 2013. Es el compromiso del Gobierno socialista. Y es compromiso previo al desastre de Japón. Porque antes de Fukushima, entre la fe ciega en la técnica y la resistencia absoluta a lo nuclear, el Ejecutivo de Zapatero optó por la prudencia. Antes de Fukushima, los socialistas vascos optamos por la sensatez. Antes de Fukushima, la gran mayoría del Parlamento vasco se decidió por el equilibrio.

Prudencia, sensatez y equilibrio que ahora, después de Fukushima, deberían seguir siendo las pautas con las que tomar decisiones. Los ciudadanos nos exigen a quienes nos dedicamos a la política que les aportemos soluciones, y eso sólo es posible si somos capaces de absorber todos los datos, atendemos los criterios de los especialistas, los maduramos y adoptamos iniciativas que den cauce a las necesidades ciudadanas con todas las garantías de sostenibilidad, tanto económicas como medio ambientales. Y no es posible si nos dejamos llevar por el titular de la última actualización de las ediciones digitales.

Estamos viviendo al segundo lo que ocurre en Japón. Jamás en la Historia, ante ningún desastre previo, habíamos tenido una oportunidad semejante de recibir tal flujo de información. Y ello es así porque la gran tragedia está ocurriendo en un país a la cabeza de las tecnologías. Ahí está precisamente la virtud y el problema para el debate sereno. Vemos con estupor cómo quienes tienen la mayor capacidad técnica del mundo en materia nuclear y en la seguridad de sus centrales nos retransmiten en directo la caída de un modelo que está en la base de su progreso.

Por eso, lo que ocurre nos hace preguntarnos sobre nuestro modelo de progreso. No sólo a los políticos. También interpela a cada uno de los ciudadanos. Ahora, después de Fukushima, parece que no era para hacer chistes y titulares de trazo grueso que un Gobierno como el español, plantee medidas de ahorro energético. Ahora, después de Fukushima, da la impresión de que, para hablar de energía, para hablar de nucleares o renovables, sí parece sensato referirse también a nuestro consumo, al colectivo y al individual, para determinar por qué recorrido ir para lograr qué resultado final. Ahora, después de Fukushima, comprobamos que la simplificación de los problemas complejos puede servir para ganar unos votos, pero no para ganar el futuro.

Pero hay quienes persisten en esa simplificación. Por un lado nos dicen que la planta japonesa es de la misma generación y tecnología que la del valle de Tobalina, como argumento mayor para el cierre de ésta. Otros, que aquí es imposible un terremoto del calibre conocido, para justificar su continuidad. De un lado, quienes dan por demostrado que la energía nuclear debe erradicarse. De otro, quienes creen que sólo con este modelo se garantiza el progreso.

Seguramente en un punto intermedio estará la razón. Que todos los Gobiernos se replanteen todos los criterios de seguridad, que los revisen al alza, es ya relevante. Que incluso los que apostaban a ojos ciegas por lo nuclear cuestionen la continuidad de, al menos, las centrales más antiguas, también. Mejor sería que ese debate se hubiera hecho antes, que fuera permanente, y que fuera ajeno a lobbys de presión. Pero también sería más oportuno alejar los afanes alarmistas, el generar un clima de inseguridad absoluta, de riesgo inminente en cualquier lugar del mundo. Mejor sería, una vez más, la prudencia, la sensatez y el equilibrio.

Todos los informes técnicos nos dicen que Garoña es seguro. Que lo es hoy. Antes y después de Fukushima. Los ciudadanos deben saberlo. Y deben conocer también que esos informes los elabora el organismo técnico al que los políticos hemos encomendado la labor de vigilar las centrales. Y también que los criterios seguidos se van a revisar. Que no hay Gobierno que quiera un desastre. Todo es mejorable, todo revisable y, desde luego, todo opinable. Y a los políticos, a quienes tienen que tomar las decisiones, les toca escuchar esas opiniones y aportaciones, no correr a ganarse un hueco en un titular sin saber hacia dónde le lleva su carrera.


Al inicio de esta legislatura, una de los primeros acuerdos del Parlamento se refería al debate que está ahora sobre la mesa de todos los Gobiernos del mundo. La inmensa mayoría de la Cámara, conciliando las posturas plurales de grupos de procedencia y trayectoria distinta, y el respaldo expreso de los socialistas, acordó pedir el cierre definitivo de Garoña. Pero no nos quedamos ahí. Nos retratamos también en la apuesta por energías seguras, limpias y baratas, y específicamente en el desarrollo de una política de energías renovables en función de las necesidades energéticas existentes y en la puesta en marcha de campañas de sensibilización ciudadana con el fin de promover el ahorro energético.

Aunque ahora nos hayamos ratificado ene se acuerdo, esto lo dijimos y votamos cuando no había elecciones próximas. Cuando no había alarmas y optamos por la sensatez. Y la decisión del Gobierno de España, tras analizar con rigor todos los informes, tomó la decisión de cerrar Garoña en 2013. Antes de que supiéramos que existía Fukushima.

Aitor Casado Figueroa
Secretario General JSE-Egaz Ramón Rubial
Parlamentario Vasco - GPSV